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Identidad Perdida

 

Tú historia, la nuestra, la de todos mirada por cada quien, pero fundamentalmente con tu subjetiva interpretación.

 

Nos convoca la historia, nuestra historia, que también podemos decir es vuestra historia, la de algún pueblito, la de una mediana o gran metrópoli, la de una provincia, de una región, la de la nación, la de Latinoamérica, la global. 

No hay hechos fortuitos, los acontecimientos suceden por algo, pergeñados por alguien, ejecutados por otros, convenidos en una reunión de poderosos, o al solo amparo de la luna como testigo. 

Una acción desata una reacción, generalmente con los mismos objetivos: El dominio por oscuros intereses económicos. 

Se disfraza la historia de épica e idílica para los ciudadanos comunes, necesariamente heroica, ocultando las miserias propias del ser humano, se la objetiviza con la intención de hacer de ella un único referente, un inevitable acontecer sin matices, sin egoísmos, sin vanidades; próceres de barro inmaculados, próceres que a lo sumo tendrán su recuerdo en una callecita alejada de los centros económicos por haber enfrentado a aquellos, y miles y miles hombres sin nombre ni rostro, sin pasado ni futuro, que conformaron aquella masa indispensable para la evolución de la historia, esos que proveyeron el bronce para los enaltecidos constructores de la nación y que sin esas masas no hubiesen sido nada. 

A aquellas huestes dedicamos estas líneas, a los que creyeron, a los que fueron engañados, a los que abrigaron una esperanza por la cual dar la vida, a los que la dieron en vano y a los que glorificamos o defenestramos sin más razón que la de ser objetos, nosotros sujetos, de las mentiras que tiñeron nuestra historia, que en definitiva no es otra cosa que nuestro origen y nuestra identidad, a la hora de recuperar para todos nosotros la identidad perdida.

Según para quien y para qué, hay una historia oficial y una historia escondida, para los primeros otra historia es un relato, visto esto como un construcción falaz de la historia, para los segundos hay que revisar la historia, no para cambiarla sino para poner en contexto todo hecho que fue deliberadamente extirpado de la bibliografía oficial, a esto llamamos Revisionismo. 

Nos ilustra el historiador José María Rosa, exponente del Revisionismo histórico:

“La Historia Argentina fue escrita por hombres que en mayor o menor grado tenían de la patria un concepto exclusivamente formal.  De allí que nuestra historiografía corriente – especialmente en los textos destinados a la enseñanza - exalte como valores próceres y califique de patriotas a quienes "se unieron con el enemigo y le prestaron ayuda y socorro", para rebajar en cambio con calificativos denigratorios a los que resistieron a ese enemigo.  En la Revolución de Mayo ve solamente un movimiento doctrinario; y considera como propósito exclusivo de las luchas civiles redactar una "Constitución".  Rivadavia es la gran figura porque "se adelantó a su tiempo" con proyectos de reformas liberales, y Rosas el "tirano" que retardó veinte años la organización nacional"

“Nada dice de las causas por las cuales se perdió medio virreinato, de las tentativas de reconstruirlo, de los motivos que obligaron al levantamiento de los caudillos, de la defensa de la soberanía en 1838 y en 1845, de la independencia económica y las  causas que motivaron su pérdida, de la posición internacional, etc.  Nada dice tampoco sobre una interpretación social de la Argentina.  Lo que no es institucional (tomado como sinónimo de liberal) no interesa a la historiografía didáctica (…) Escribir y enseñar una historia que sea Historia de la Argentina, y no de las ideas liberales en la Argentina, necesariamente tuvo que producir una revolución en la jerarquía de próceres que había legado la historiografía anterior.  Quienes estaban muy bien desde las "instituciones" estaban muchas veces muy mal desde la nacionalidad; en cambio, los "tiranos” y caudillos olvidados o denigrados por la generación anterior hubieron de ser reivindicados a titulo de su firme patriotismo. (…)” - (Boletín del Instituto J.M. de Rosas nº 3  1968)

En el afán de estratificar la historia hubo que estructurarla, malearla a gusto de los intereses y conveniencias de cada actor político. Así surgen las corrientes historiográficas, pero en definitiva el triunfo siempre está reservado a los poderes que no son de turno, que son permanentes, los de turno son sus peones, sus intelectuales obrando siempre para justificar lo injustificable. Aquí cabe la excelente apreciación de Marx “"En toda sociedad, las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante". 

Pues bien intentaremos en estos escritos que las ideas dominantes sean cuestionadas, puestas a consideración de las clases dominadas, intelectual y económicamente, y que en libre albedrío juzguen ellas si creer o reventar.

Sergio Daniel Boico

 

Modificado por última vez enViernes, 29 Enero 2016 22:48

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